En materia ambiental, Panamá y Centroamérica muestran una situación paradójica: poseen una abundante riqueza natural, pero hace un uso insostenible de sus recursos y su territorio. Además, con ello no ha propiciado mejores condiciones de vida para la población; por el contrario, los patrones de consumo comprometen la disponibilidad futura de los recursos y excluyen del acceso a ellos a importantes grupos y sectores. Se estima que el Istmo ha perdido la mitad de su biodiversidad original, y la cobertura forestal sigue bajando en todos los países, excepto en Costa Rica. En términos de desarrollo humano, una de las principales tensiones entre la abundancia de recursos y el uso poco sostenible se expresa en el tema del agua, pues existe una oferta amplia y suficiente, pero grandes porcentajes de población no tienen acceso a ella, especialmente en zonas rurales. Tanto a nivel urbano como rural, los procesos de degradación, pero ante todo los rezagos en desarrollo humano, potencian la vulnerabilidad ante los desastres. Panamá en conjunto con Centroamérica es una de las zonas del mundo con mayor riesgo climático, como resultó evidente en la sequía que se presentó en 2014 y 2015 y que puso de manifiesto la falta de adaptación de los medios de vida y productivos a este