En el mundo cada vez más exigente y apresurado, la
salud mental se ha convertido en un tema fundamental
. El estrés crónico, la ansiedad desregulada y trastornos como la depresión afectan a millones de personas. En muchas ocasiones se suele buscar el escape o alivio en soluciones externas.
Es por ello que uno de los aliados indispensables para mantener una salud mental óptima es el movimiento.
La activación o actividad física no solo se relaciona con un estado físico óptimo, ya que tiene un impacto integral en el cuerpo, incluyendo el cerebro. Durante la activación física se puede activar procesos cerebrales que favorecen el estado de ánimo, el sueño, la memoria, la concentración y la perseverancia.
Mover nuestro cuerpo es una manera de cuidarse integralmente, transformando la perspectiva de la salud individual de los seres humanos.
El cerebro regula nuestras funciones esenciales
y mantiene lo que nos caracteriza y define como seres humanos: la memoria, el razonamiento, la autorregulación, la toma de decisiones informadas, la forma en la que interactuamos con nuestro entorno y la creatividad. Al mencionar la salud mental, se hace referencia a la armonía entre estos procesos internos y la manera en la cual se afrontan del día a día.
Problemas como la depresión o el estrés crónico no son únicamente de naturaleza “emocional”, ya que se pueden presentar fundamentos neurobiológicos. La producción excesiva de cortisol, la cual es la hormona característica del estrés, puede perjudicar áreas del cerebro como el hipocampo, influyendo negativamente en la memoria y en la gestión de las emociones. En este contexto, la actividad física se presenta como un recurso fundamental para mitigar estos efectos. Por ello, la falta de activación física exacerba los problemas de salud mental.
Neuroplasticidad, neurogénesis y ejercicio
La capacidad del sistema nervioso central para adaptarse a los cambios, modificando la estructura de las neuronas y las conexiones neuronales se le denomina neuroplasticidad. La neurogénesis es el proceso que permite la formación de nuevas neuronas en el cerebro de los mamíferos a lo largo de la vida, a través de la proliferación de células madre neuronales.
Diversos elementos pueden afectar estos procesos, incluyendo los estilos de vida. Uno de los aspectos más investigados es el ejercicio físico, dado que la movilidad no solo refuerza el organismo, sino que también tiene un efecto directo en el cerebro.
El ejercicio físico aeróbico (caminar, utilizar bicicleta, correr, bailar) permite la estimulación en la producción de moléculas que participan en el crecimiento y la plasticidad de las neuronas (Cassilhas, Tufik, & de Mello, 2015).
Una parte del cerebro, denominado hipocampo, tiende a disminuir en la adultez avanzada, lo cual causa dificultades en la memoria e incrementa el riesgo de padecer demencia. El ejercicio aeróbico en adultos mayores puede incrementar el volumen del hipocampo anterior, mejorando la memoria espacial y elevando los niveles del Factor Neurotrófico Derivado del Cerebro, el cual es una proteína esencial para crear y fortalecer conexiones neuronales (Erickson, et al., 2011).
A su vez, la actividad física impacta en la salud mental debido a distintos mecanismos biológicos. Entre los más reconocidos se encuentra la liberación de serotonina y dopamina, los cuales son neurotransmisores implicados en la regulación emocional (González, 2025).
Recomendaciones
Elegir actividades físicas de disfrute personal, como caminar, saltar la soga, correr, bailar, bicicleta, pesas, pilates, yoga, etc. La motivación se desarrolla cuando la actividad es placentera.
Evaluar la disponibilidad de tiempo que poseas y procurar destinar al menos 30 minutos diarios o cada dos días a la actividad física. Incluso bloques de 10 o 15 minutos resultan beneficiosos.
Organizar las actividades en colaboración con una persona de confianza o un profesional durante las primeras semanas, para facilitar la integración de la rutina física en el día a día.
Implementar el ejercicio de manera progresiva, aumentando gradualmente la duración e intensidad según su condición y objetivos.
Integrar pausas activas de 5 a 8 minutos cuando se encuentra en periodos prolongados con poca movilidad.
Complementar el ejercicio con hábitos saludables, como dormir adecuadamente, una alimentación balanceada, gestionar las emociones de forma efectiva, establecer interacciones sociales saludables y mantener una correcta hidratación.
Mantenerse activos a través del ejercicio es más que una buena práctica física, es una intervención respaldada por investigaciones científicas que potencia la salud mental: mejorando el desempeño de las funciones ejecutivas, promoviendo la neuroplasticidad y reduciendo riesgos neurológicos en cada etapa de la vida.
Si te apasiona la conexión entre la mente y el cuerpo, y te interesa cómo el bienestar físico puede mitigar los efectos de problemas como el
estrés crónico
y la
depresión,
entre otros, estudia
Psicología
en la U del Istmo. Comprende a fondo que los desafíos de la salud mental no son solo de naturaleza emocional, sino que tienen
fundamentos neurobiológicos profundos. ¡Prepárate para ser un profesional que aborda el bienestar de manera integral!











